AQUEL DOMINGO- ISMAEL VILLASOL

ISMAEL VILLASOL

AQUEL DOMINGO – ISMAEL VILLASOL

 

Aquel domingo estrenaba pantalones vaqueros, mi madre me los había alisado con la vieja plancha de hierro de la abuela, recuerdo desear no ensuciarlo y mirar desde arriba mis zapatillas Karhu compradas hacia unas semanas en Calzados Pérez.

Caminábamos hacia el campo de futbol del pueblo que por arte de magia se convertía durante dos días en el escenario musical más grande de nuestro mundo.

Escuchábamos de fondo la algarabía constante de ser comunidad, los vecinos que se habían ayudado durante todo el año, durante todas sus vidas, con la vendimia, con la matanza del “gocho”, con el pan y con el agua del regadío se citaban en la parte de atrás de la iglesia.

Olía a verano, a flores, a Villalibre, al Bierzo, a España, a ser humano que respeta las diferencias y comparte similitudes. El templete parecía inmenso, me ponía delante con los amigos, no hablábamos, absortos en sentir el sonido de las guitarras eléctricas y la batería que nos llenaba por completo, la orquesta se esforzaba en hacer una versión digna del “Himno de la alegría” del maestro Miguel Ríos, yo nunca escuché mejor música en mi vida, porque simplemente las notas buenas o malas entraron en mi corazón y allí se quedaron para decirme de dónde vengo y quien soy.

Seguro que recordáis esos momentos de vuestra infancia en vuestros pueblos. Ya nada es como lo que era, pero como digo en uno de mis poemas “podemos decir muy alto que nosotros lo fuimos”.

 

Si no lo sabes tengo dos novelas preciosas basadas en mi querida tierra, El Bierzo:

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